
Mario Zavala Osorio, nació en Los Mochis Sinaloa en El Ejido Francisco Villa, conocido como el campo uno, el 14 de septiembre de 1940.
Sus padres fueron la señora Genoveva Osorio y el señor Francisco Zavala Meza, originarios de Guasave, Sinaloa.
Los primeros estudios los realizó en la escuela primaria conocida como la escuela 7, ubicada en la colonia obrera por las calles Guillermo Prieto y Melchor Ocampo.
A la edad de 7 años trabajó en el abarrote de los señores Melecio Solís y de su esposa Rosario Castro. Al terminar la primaria consiguió trabajo en un taller mecánico de un señor conocido como el “viejo Martínez” este taller estaba ubicado por la calle Obregón a unos metros antes de llegar a la plazuela 27 de septiembre, en ese taller duró un año ya que el dueño lo cerró. Posteriormente trabajó cuatro meses en la panadería del señor Rogelio Fitch donde aprendió a hacer pan, así fue como tiempo después, su padre Francisco, quien trabajaba en el taller de mantenimiento del ferrocarril, le consiguió trabajo en el taller de torno “Escobedo” y ahí fue donde yo lo conocí, este taller “Escobedo” estaba ubicado por la calle Obregón casi esquina con Degollado.

Recuerdo que en la esquina estaba ubicado el “Hotel Occidental” y después la “Vidriera del Noroeste” del señor Librado Sánchez, por cierto un gran fanático del béisbol y luego enseguida estaba él taller “Escobedo”; Esto fue por los años de 1954-55, tenía yo 14 años y junto con un amigo llamado Rigo Orozco nos encargábamos de tener limpio el taller y los tornos, nosotros recogíamos las rebabas de cobre, bronce, latón, aluminio etcétera y todo este material lo depositábamos en tambos de 200 Litros y cada año en Navidad lo vendía el señor Escobedo y el dinero lo repartía entre sus trabajadores. En ese taller trabajé durante 2 años y nuestro personaje Mario Zavala estuvo ahí casi 20 años, se hizo experto y perfeccionó la técnica en rectificaciones. Pasaron los años, Mario se casó con su amada Dora Luna y procrearon 11 hijos.
En 1974 inició su propio negocio llamado “Rectificados Zavala” gracias a un préstamo bancario, El negocio está ubicado por la calle Emiliano Zapata número 327 centro. En 1985 Mario decidió ampliar su negocio y contrató más gente para ayudarlo en la empresa, así como sus hijos que se involucraban cada día más y que actualmente son los que administran y llevan este negocio de rectificado general de motores diésel y gasolina industrial, agrícola y automotriz. Ha sido tanto su éxito que en 1991 Don Mario fue invitado junto con su esposa Dora Luna a Madrid España a recibir el premio Grand Prix que se otorga a las empresas por la calidad de sus productos y servicios. Durante muchos años siguió recibiendo reconocimientos gracias a su esfuerzo y dedicación en todo lo que desarrolló, fortaleció y ayudó a mejorar la vida de los trabajadores, resaltando también su apoyo a la comunidad.

Dicen que las piedras rodando se encuentran y vuelvo a encontrarme estrechamente con nuestro amigo Zavala en el año de 1996, en el trienio del presidente Salvador López Brito, ya que en esa administración municipal me desempeñaba como reportero de radio y Don Mario fue invitado por el presidente para que ocupara el cargo de tesorero y Don Mario aceptó, entonces me tocó hacerle varias entrevistas y a los 6 meses de ocupar el cargo me tocó hacerle la última en su gestión como tesorero, ahí me dijo que con pena y todo iba a renunciar por razones personales y familiares, pero que todo quedaría en las buenas manos del Profesor Gustavo Soto Portillo. Después entrevisté al presidente municipal y le pregunté que si qué opinaba de la renuncia de Don Mario y me contestó que era una pérdida para la administración por qué Don Mario Zavala era un genio de las finanzas, que era estricto y muy disciplinado pero que dejo las bases para seguir dando un gran servicio al municipio de Ahome.
Amigo Mario eres un ejemplo por seguir, principalmente para tus hijos y nietos acuérdate que nadie envejece solo por vivir un número de años, la gente envejece únicamente al abandonar sus ideales y proyectos, los años arrugan el rostro, pero perder el entusiasmo arruga el alma, lo demás lo decide Dios.
Recordamos con cariño tu legado y tu amistad.
Carlos Llantada Rodriguez en este mes de la amistad, febrero del 2022.





