Liderazgo firme para devolver la Paz a Sinaloa: Gerardo Vargas

Por: Gerardo Vargas Landeros

Sinaloa vive hoy una etapa decisiva que no admite errores, ni caminos cortos. La gente de nuestro Estado nos está diciendo con claridad que su prioridad absoluta es recuperar la Paz, la tranquilidad en sus calles y la confianza en las instituciones. Las familias sinaloenses necesitan salir a trabajar con seguridad, llevar a sus hijas e hijos a la escuela sin temor, abrir y sostener sus negocios, disfrutar una tarde compartiendo y regresar a sus hogares con la certeza de que estarán bien. Es el derecho más elemental que todo gobierno tiene la obligación de garantizar.

Por eso, en este momento tan importante, Sinaloa requiere ser encabezado por un liderazgo con experiencia probada, capacidad real y resultados comprobados. Necesita personas que sepan verdaderamente lo que significa gobernar, tomar decisiones difíciles pero justas, y tener la entereza para rendir cuentas y responder ante la ciudadanía cuando las cosas se complican. No estamos para ensayos ni para aprender mientras la gente sigue esperando soluciones. La ciudadanía quiere certezas: saber quién puede abrir una ruta firme para devolvernos la tranquilidad, quién conoce palmo a palmo cada rincón de nuestro territorio, quién sabe coordinar esfuerzos entre instituciones y sectores, y sobre todo quién ha demostrado con hechos, y no solo con palabras, que sabe dar resultados a favor del bienestar común.

En toda actividad política siempre existirán visiones distintas, grupos y diferencias; eso es natural y saludable en una democracia. Lo que sí es inaceptable es que las fobias personales, las preferencias de grupo o la cercanía con tal o cual equipo se utilicen como excusa para excluir, marginar o cerrar el paso a quienes ya han servido con honestidad y dedicación a Sinaloa. Al final del día, la inmensa mayoría de los sinaloenses no está pendiente de disputas internas ni de intereses partidistas: la gente está preocupada por su seguridad, por conservar su empleo o encontrar uno digno, por reactivar el comercio, la agricultura, la ganadería y la pesca, por ver regresar la confianza a los mercados y por garantizar que nuestras y nuestros jóvenes puedan salir a divertirse y desarrollarse sin miedo. Esa es la verdadera prioridad que no podemos perder de vista.

En ese sentido, mi trayectoria en el servicio público está a la vista de todos, registrada y abierta para quien quiera revisarla. He tenido el alto honor de desempeñar distintos puestos de responsabilidad en los tres niveles de gobierno, espacios desde los cuales he aprendido a conocer las necesidades más profundas de nuestros pueblos y ciudades, a resolver problemas complejos y a trabajar siempre de la mano con la gente. Pero más allá de los cargos ocupados, lo que verdaderamente cuenta son los resultados logrados: principalmente en materia de seguridad, obras de infraestructura, programas sociales, acciones de apoyo al campo y a la economía familiar, y gestiones que han quedado como beneficio permanente para miles de familias sinaloenses. Esos avances están registrados oficialmente y han sido reconocidos por las instancias encargadas de evaluar la función pública. Y existe un valor que aprecio por encima de cualquier documento: el respeto y la confianza que me ha manifestado directamente la gente de todos los rincones de nuestro estado a lo largo de estos años.

Porque ningún título sustituye la opinión libre y sincera de la ciudadanía. Uno puede mencionar su experiencia y enumerar logros, pero al final son las personas, con su confianza y su trato diario, quienes dan la verdadera calificación. Por eso sostengo que cualquier proceso político debe desarrollarse bajo principios claros: piso parejo para todos, reglas conocidas desde el inicio y respeto absoluto a quienes participan con vocación de servicio. Que puedan contender libremente quienes tengan aspiraciones legítimas y preparación, y que sea la ciudadanía —con toda libertad y sin presiones— quien valore las propuestas y decida cuál es la mejor alternativa para el futuro de Sinaloa.

Nuestro Estado no necesita que nadie le imponga una figura desde fuera ni desde grupos cerrados. Sinaloa necesita encontrar a quien verdaderamente le genere confianza, a quien tenga la madurez y la experiencia para unir en lugar de dividir, para escuchar antes que imponer y para trabajar sin descanso en lugar de buscar el beneficio propio. Recuperar la Paz no puede ser simplemente una frase de campaña: es una tarea diaria, paciente y firme que exige conocimiento, sensibilidad y capacidad de actuar coordinadamente. Y para lograrla se requiere precisamente ese perfil probado en el servicio público que he construido durante toda mi vida.

Yo sigo dispuesto a seguir aportando lo mejor de mí mismo, desde donde me corresponda. Mi experiencia acumulada, mi historial de trabajo y los resultados obtenidos están ahí, disponibles para revisión pública. Pero tengo una convicción que no cambio por nada: Sinaloa, su gente y su tranquilidad están muy por encima de cualquier interés personal o de grupo. Si queremos recuperar la Paz que todos añoramos, no hay más camino que poner siempre por delante el bienestar de las familias, el desarrollo justo de nuestras regiones y el futuro digno de las nuevas generaciones.

La decisión final debe estar en manos libres de la gente. Cuando se trata del destino de todo un Estado, no hay lugar para exclusiones, ni favoritismos, ni imposiciones. Escuchemos con atención lo que la gente nos pide y trabajemos sin descanso para darle a Sinaloa la Paz, la Seguridad y el Progreso que merece y que estamos listos para construir juntos.